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sábado, 6 de diciembre de 2014

POZO DEL FARALLON


Todo hace indicar que desde que se abandonaron estas explotaciones mineras, nadie ha vuelto a internarse en ellas.
El equipo compuesto de tres miembros instalamos el material y descendemos por vez primera desde que cesaron los trabajos.

Se trata de un pozo-sima excavado para la extracción de mineral de ocre en el siglo XIX. Con el paso de los años, como se puede comprobar, ha sido utilizado como vertedero de escombros.
La cavidad se encuentra en la vertiente Sur de la Loma del Sabinar en término Municipal de Muchamiel, partida del Tossal Redó, rodeado de gran cantidad de excavaciones con el mismo fin.
Click en el enlace: Minas de ocre de Muchamiel y San Vicente del Raspeig

Descripción de la cavidad

La abertura en el suelo tiene unas medidas de 118 cms por 135 cms que fue por la que el equipo accedió. Existe otra unos metros arriba que comunica también con la cavidad.


Anclajes en la cabecera del pozo
Bocamina desde el descenso

Desde la entrada hay una caída en volado de 15 metros. En la pared de la izquierda hay un muro de piedra en seco de 3.80 metros de altura y de 2.40 metros de ancho, medida de la sala en este sector.
En las paredes se observan concreciones calcáreas ya secas y en el suelo escombros procedentes de las actividades mineras.


Encontramos una moto hecha añicos desperdigada por el suelo que antes de subir a la superficie recompusimos y la dejamos apoyada en la pared.
Unos metros a la derecha se observa en lo alto la segunda entrada con un gran bloque de piedra encajada entre las paredes. Esta oquedad abierta en la superficie con forma de ataúd posiblemente sirviera en el pasado para sacar escombros y mineral.
Detrás de una roca hay un pequeño pozo al cual accedimos haciendo una instalación sobre la misma peña.


En el foso hay restos de muros de piedras casi derruidos y que evitamos tocar. Subimos por otro murete salvando otra roca por su izquierda donde hay un acceso a través de unas piedras "movibles" y por lo tanto inestables, apoyadas unas sobre otras, procedentes de un desprendimiento.
Como la curiosidad es casi siempre enemiga de la prudencia accedimos completamente tumbados, arrastrándonos, evitando rozar el techo.
Entramos en una pequeña sala con restos de muros de piedra. Desde aquí continua la perforación a través de una galería con la anchura del cuerpo de un hombre o de un "niño", en busca de la veta donde estaba ubicado el mineral, hasta que finaliza bruscamente sin otra salida.

Imagen de la galería en este sector
Este es un claro ejemplo de la forma de trabajar en este tipo de explotaciones; se excavaba lo justo siguiendo el filón a través de una estrecha galería sin ningún tipo de paramento ni refuerzos para asegurar la excavación y cuando la extracción era pobre se abandonaba y se continuaba en otro lugar

Marcas de las picoletas de los mineros

En este lado se observa sobre todo en el techo y en algunas oquedades de las paredes, las marcas de las picoletas sobre el mineral aún fresco.
Por último ascendiendo por la cuerda hacia el exterior encontramos un candil de aceite oculto en el saliente de una roca.

Moto
La siguiente ilustración elaborada por el espeleólogo y miembro del equipo Vicente Clarió refleja a la perfección la orografia del lugar explorado.



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